EL FILÓSOFO SUECO NICK BOSTROM NOS INVITA A LA REFLEXIÓN ANTE EL AVANCE DE LAS MAQUINAS PENSANTES.
Bautizado
como “el filósofo del fin del mundo” por el New Yorker, Nick
Bostrom no tiene aspecto de loco apocalíptico. Es más bien la
imagen de la mesura y la reflexión, aunque sus ideas desaten
polémicas cada vez que las expone y gane acérrimos enemigos con la
misma facilidad con que consigue fervorosos defensores. Entre estos
últimos se encuentran mentes tan brillantes como las de Stephen
Hawking o visionarios de las nuevas tecnologías como Bill Gates o
Elon Musk. Lo que ha llamado la atención de este filósofo sueco,
director y fundador del Future of Humanity Institute en la
universidad de Oxford, son sus desarrollos acerca de los peligros que
acechan a nuestra especie detrás de la inteligencia artificial.
Frente al optimismo ingenuo de quienes ven en las máquinas pensantes
la solución a todos nuestros problemas, Bostrom advierte que debemos
tener cautela. O, dicho en sus propias palabras, dejar de
comportarnos como “niños pequeños jugando con una bomba”.
La posibilidad de que los ordenadores o los robots que estamos construyendo nos superen en inteligencia algún día no es descabellada. Lo que hasta hace muy poco era terreno de la ciencia ficción debe observarse ahora como un horizonte muy probable: “creo que si hay algo que puede cambiar fundamentalmente la naturaleza de la vida en la Tierra, eso es la transición hacia la era de la inteligencia de las máquinas. No tenemos otra opción que enfrentar este desafío. La superinteligencia de las máquinas es como un portal que la humanidad debe atravesar obligatoriamente, pero debemos asegurarnos de no chocar contra el muro cuando lo hagamos”. Aunque pudiera parecer lo contrario, el de Bostrom no es un mensaje desesperanzador ni predica -como si fuera una versión digital de los luditas que destrozaron las máquinas durante la primera revolución industrial- una guerra contra las nuevas tecnologías. De hecho su confianza en las posibilidades de la ciencia le llevó a fundar en 1998 la Asociación Mundial Transhumanista, que defiende potenciar las capacidades humanas a través de una hibridación con la tecnología.
En
una entrevista con El País, Bostrom incidía en que su función es
llamar a una reflexión profunda, no demonizar las máquinas: “hay
muchas cosas que no van bien en este mundo: gente que se muere de
hambre, gente a la que le pica un mosquito y contrae la malaria,
gente que decae por el envejecimiento, desigualdades, injusticias,
pobreza, y muchas son evitables. En general, creo que hay una carrera
entre nuestra habilidad para hacer cosas, para hacer progresar
rápidamente nuestra capacidades tecnológicas, y nuestra sabiduría,
que va mucho más despacio. Necesitamos un cierto nivel de sabiduría
y de colaboración para el momento en que alcancemos determinados
hitos tecnológicos, para sobrevivir a esas transiciones”.
Como
defiende en su libro Superinteligencia: Caminos, Peligros,
Estrategias, publicado en 2014 (y que entró rápidamente en la lista
de los más vendidos del New York Times Book Review) el verdadero
reto no está tanto en la inteligencia que sean capaces de alcanzar
las máquinas, sino en el desarrollo moral de nuestra especie. Al
final, como ya postuló Jean-Paul Sartre, estamos condenados a ser
libres. Y eso puede ser peligroso, pero también una excelente
oportunidad para dar otro salto evolutivo.
(http://www.nickbostrom.com)